Comenzaremos
este comentario, con lo que actualmente se dice sobre este tema,
para poder entender
algo que se puede resumir en cuatro palabras, algunos padres de
la iglesia han
escrito miles, y miles de palabras. Reglamentaciones, citas; etc.
Tu debas leer
con mucha paciencia, las distintas posiciones, para llegar a tus propias
y
libres conclusiones.
¿Por
qué las mujeres no pueden ser sacerdotes?
"La cuestión ha sido
planteada minoritariamente por eclesiásticos que han creído
interpretar el sentimiento de algunas mujeres de nuestro tiempo, y ha dado
lugar a los inevitables comentarios de una prensa ávida de noticias
sensacionales, presta a encontrar fisuras en el cuerpo de la Iglesia.
Los propugnadores del sacerdocio
femenino han buscado argumentos de índole muy variada para apoyar
su propuesta. Entre todos ellos, se pone especial énfasis en aquellos
que manifiestan mayor seriedad.
1) Adecuación de
la Iglesia a las características de la sociedad moderna
Tras siglos de opresión,
la mujer se sitúa hoy en una actitud reinvindicadora (el deseo de
otorgarles el sacerdocio no procede, sin embargo, de una actitud de emancipación
feminista, sino que ha sido promovido por eclesiásticos principalmente).
La Iglesia debe acoger institucionalmente y a todos los niveles esta actitud,
y superar así su pasado antifeminista.
Aquí, es fácilmente
observable tan sólo una concepción humana de la Iglesia,
como si ella pudiera rectificar su esencia constitutiva. Su estructura
fundamental no deriva de la sociedad, o de la cultura, o de la mentalidad
de su tiempo. La Iglesia no puede pretender hacerse creíble o aceptable
para los hombres a base de dejar de ser lo que es, aunque hubiese una opinión
mayoritaria que lo reclamara: como Cristo, será siempre al no
de contradicción(1), necedad para algunos y escándalo
para otros, fiel a la voluntad divina expresada por la Revelación,
conservada en su fe y (2) en su vida de modo continuo y homogéneo,
por veinte siglos, con la asistencia del Espíritu Santo.
Nota
de Mario: (1) solo debemos leer el Nuevo Testamento, e interpretar lo que
Jesús dijo:
Jesús,
señal de contradicción (Mateo 10,34-36)
:34
« No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no
he venido para traer paz, sino espada.
35
Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre,
a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36
y los enemigos del hombre serán los de su casa.»
(ver
también (Lc. 12. 49-53; 14. 26-27) ). Con esto, no se trata que
nuestro Señor ha querido traer discordias
gratuitas.
pero sí "la contradicción" de los "viejo con lo nuevo", lo
usado anteriormente en la tradición judía
y
la postura en contra de Jesús, en los temas que por "mas de 2000
años" se tenían como Santa Palabra. Con
la
asistencia del Espíritu Santo, grandes padres de la iglesia, han
cambiado, "contradicho" pseudo dogmas
que
provenía del Viejo Testamento, de estricta concepción Yahvista,
en muchísimas oportunidades. de los
que
vienen las revisiones en cartas apostólicas, que revocaron muy claras
y erróneas posturas de nuestra
iglesia
a lo largo de la historia de estos últimos 2000 años.
2) Igualdad de derechos entre
el hombre y la mujer.
Es muy justo hablar de
igualdad de derechos del hombre y de la mujer en la sociedad civil, en
base a su condición de personas, y en base a que la naturaleza humana
es una y la misma en el hombre y en la mujer. También es muy
justo hablar de la igualdad radical de todos los fieles en Cristo:
igualdad en su común dignidad de hijos de Dios por la gracia, igualdad
en la vocación universal a la santidad y a la bienaventuranza en
el Cielo, igualdad también del deber fundamental de cooperar activamente
en la salvación de las almas. Todo eso comporta también una
cierta igualdad de derechos en la Iglesia (aunque aquí conviene
usar de una cierta cautela al hablar de derechos: porque, en este orden
sobrenatural, dependen de lo que Dios haya querido libremente concederle.
Todos los fieles-el varón como la mujer-han sido igualmente regenerados
por Cristo en el bautismo y hechos participes de su misión salvadora.
Sin embargo, ningún
fiel-ni varón ni mujer-tiene realmente ningún derecho al
sacerdocio ministerial.
Como en el caso de la elección de
los apóstoles y del apóstol de las gentes, es Dios quien
llama al sacerdocio a quien quiere, cuando quiere y como quiere: "Nadie
se arrogue esa dignidad, si no es llamado por Dios, como Aarón".
El orden sagrado no está
en la linea de los derechos de los fieles, no es como el desarrollo normal
del sacerdocio común de todos. El sacerdocio ministerial es un don
peculiar, por el que Cristo asume a algunos para que obren en Su nombre
con Su autoridad, para prestar a la Iglesia un ministerio peculiar .Como
gratuitas y no debidas a los hombres fueron la Encarnación y Redención,
gratuitas y no debidas son las condiciones establecidas por Dios para escoger
a algunos para el ministerio sacerdotal.
Esto no se opone a la
igualdad fundamental de los fieles, ni divide a los cristianos en dos categorías:
argumentar de otra modo conduciría a un clericalismo demagógico,
como antes tuvimos otro seudoaristocrático. La Virgen Maria,
venerada con un culto especial, muy por encima de los santos, nunca tuvo
un grado jerárquico en la Iglesia.
Nota
de Mario: En los párrafos anteriores, se denota una secuencia de
contradicciones que manifiesta el "mismo" autor. Habla de una "igualdad
radical de todos los fieles en Cristo", y que "Todos los fieles-el varón
como la mujer-han sido igualmente regenerados por Cristo en el bautismo
y hechos participes de su misión salvadora", despachandose después
con "ningún fiel-ni varón ni mujer-tiene realmente ningún
derecho al sacerdocio ministerial", ms que "Nadie se arrogue esa dignidad,
si no es llamado por Dios, como Aarón".(sic)
Todos
los ministros de la Iglesia, en un momento "Han sentido el llamado de Dios",
como así los Santos y Santas en nuestra iglesia. Además separa
de este llamado de Dios, a todas las mujeres que han participado
junto
y después de Cristo, que marcaron la historia del cristianismo.
Desde María la Magdalena, hasta Santa
Teresa
de Calcuta. Es el autor quien "divide a los cristianos en dos categorías",
y por último dice: "La Virgen Maria, venerada con un culto especial,
muy por encima de los santos, nunca tuvo un grado jerárquico en
la Iglesia". Aquí el autor llega al sumun del ERROR. La Virgen María
tiene el "Grado Máximo en la Jerarquía",
ella
es la llamada "MADRE DE LA IGLESIA". Con esto esta todo dicho. El autor
se contradice, en su afán de
dar
una satisfacción a los "aristocraticos-clericales", a los ordenados
"machistas", y a los que se "creen los elegidos".
3) La prohibición
procede de una cultura y una mentalidad paganas.
Los propulsores del sacerdocio
femenino argumentan que Cristo eligió sólo hombres por los
condicionamientos sociales de la época y la influencia de la mentalidad
pagana. La elección de varones sería simplemente un hecho
histórico superable. Además, pese a las influencias paganas
en la primitiva cristiandad-añaden-, se confirieron determinados
ministerios a mujeres.
El Señor escogió
como apóstoles a doce varones. Le seguían y servían
mujeres-algunas más fleles y enérgicas que los apóstoles-,
pero no las llamó al ministerio sacerdotal (1). Quienes piensan
que Cristo se dejaba influir en ello por el ambiente, muestran, además
de una actitud irreverente, una total incapacidad para conocerle: los Evangelios
dan testimonio más que suficiente de su superioridad sobre los condicionamientos
externos.
Por otra parte es gratuito
afirmar que la elección exclusiva de varones fue un hecho y no manifestación
de una voluntad expresa y perdurable: la Revelación se nos comunica
con palabras y con obras, y además no sólo consta en la Escritura,
sino también en la Tradición (2), y según la proposición
autorizada del magisterio unitario y permanente.
La alusión a que
la mentalidad pagana dificultaba la elevación de la mujer al magisterio
sacerdotal, está mal traída, porque no es cierta: precisamente
en el mundo pagano contemporáneo de la Iglesia primitiva eran frecuentes
las sacerdotisa, las vestales, etc., y, en cambio, las diaconisas de
la Iglesia sólo realizaban oficios asistenciales, de preparación
catequética, etc. No hay precedente alguno sobre el sacerdocio de
la mujer (3).
Nota
de Mario: En (1) el autor insiste con las palabras "seguían y servían"
, que tiene una connotaciones de
tareas
domesticas. Como veremos ms adelante, el papel de las "mujeres" con, y
después de Cristo hasta nuestros días ha llegado a tal punto,
que existieron "Doctoras de la Iglesia". En cuanto a que Cristo "no las
llamo
a al ministerio sacerdotal: donde esta escrito el "no"?, que autor de los
Evangelios lo ha escrito, y en que "Tradición" se basa. En
el punto (2), utiliza la palabra "Tradición", la cual se ha prestado
para todo. Se llena con "como dice la Tradición...", eventos que
son reales otros supuestos, y algunos inventados. Son "dichos, de dichos",
sin ningún sustento histórico, y menos con alguna documentación
que pueda dar veracidad a "un hecho". En el punto (3), no dice la verdad
o la tergiversa. En los próximos capítulos veremos que "sí"
existió un magisterio femenino, y fue prohibido con el mas absurdo,
anti-natural, y regresivo argumento que nos remonta a las practicas judaicas,
las cuales Nuestro Señor vino a ser su "Contradicción Liberadora".
El autor eclesiástico se sigue contradiciendo.
4) La madurez del laicado.
El reconocimiento del valor
del sacerdocio común de los fieles, la corresponsabilidad de todos
los cristianos en la misión única de la Iglesia, exigen la
presencia activa de la mujer en todos los ministerios eclesiásticos.
Los que así argumentan dicen que el problema consiste simplemente
en dar todo su verdadero valor al sacerdocio común de los fieles.
Ha llegado el momento histórico-concluyen-de que la comunidad confíe
a cualquiera de sus miembros, según las circunstancias, cualquier
ministerio y presidencia sin discriminación alguna.
Se revela aquí una
óptica clerical que lleva a concebir el sacerdocio ministerial como
un ascenso en el escalafón eclesiástico, como una potenciación
de la vocación cristiana, como la meta-en fin-de un carrera, ignorando
la realidad eclesial y sumamente eficaz de una existencia cristiana plenamente
secular.
De ahí que el
Santo Escrivá de Balaguer, que ha dedicado su vida a defender la
plenitud de la vocación cristiana del laicado, de los hombres y
de las mujeres corrientes que viven en medio del mundo(1), y por tanto
a procurar el pleno reconocimiento teológico y jurídico de
su misión en la Iglesia y en el mundo, se haya sentido impulsado
a señalar que el cristiano corriente, hombre o mujer, puede cumplir
su misión específica, también la que le corresponde
dentro de la estructura eclesial, sólo si no se clericaliza, si
sigue siendo secular, corriente, persona que vive en el mundo y que participa
de los afanes del mundo.
Pero, además, el
argumento aludido revela también la confusión entre el sacerdocio
común de los fieles y el sacerdocio ministerial, error
que se incluía ya en el repertorio herético de Lutero. La
diferencia esencial, y no de grado, entre ambos, ha sido manifestada frecuentemente
por el Magisterio Eclesiástico.
Hemos considerado los principios
fundamentales que responden a los argumentos más significativos;
podrían añadirse otras razones de conveniencia, pero serian
accidentales: lo que importa esencialmente es cómo Dios ha dispuesto
las cosas; (2) Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, que es la
Iglesia, y sólo Dios sabe las razones que tuvo para hacerlo."
Fuente:ACI
Nota
de Mario: En (1), este eclesiástico remarca "que viven en medio
del mundo", él en donde vive?.
Según
el autor, hay dos catearais de fieles cristianos, los comunes (seculares),
y los "elegidos" (clerigos).
Entonces,
¿donde nos ubicamos los "Laicos comprometidos militantes de la iglesia"?.
El asunto en realidad
es:
una criatura de Dios, del sexo femenino, ¿ puede ejercer el sacerdocio?,
servir en altar; etc.
Por
ultimo el autor, pone una frase que es como decir, "esto es cosa de Dios,
y no se puede cambiar"...
Agosto 18, 2005
La
historia de las mujeres diaconisas, y el porque perdieron ese derecho.
"La implicación de
las mujeres en el apostolado de la Iglesia primitiva es un hecho indiscutible.
Nosotros solo podemos hacer un breve resumen que muestra como encajó
la acción de las mujeres diaconisas en un marco más amplio.
Las mujeres que ayudaron
a Pablo
Debido al contexto sociológico
de la época, la Iglesia primitiva no pudo, de forma inmediata, extraer
las consecuencias que se derivaban del nuevo y revolucionario concepto
de sacerdocio propuesto por Cristo. Pablo sabía que el bautismo
de Cristo había suprimido en principo la distinción entre
libres y esclavos (Gálatas 3, 38) y dedujo, como lógica conclusión,
que los esclavos debían ser liberados (1 Corintios 7, 21-23). Sin
embargo, el sistema social de la época, le llevó a aceptar
la esclavitud como un mal necesario. De la misma forma, las ideas vigentes
en su tiempo le imposibilitaron realizar en profundidad la igualdad en
Cristo entre hombre y mujer en la que creía firmemente (Gálatas
3, 28). En este contexto, es extraordinariamente significativo que ya en
tiempos de Pablo, las mujeres ejercieran funciones de ministerio en la
Iglesia.
"Os recomiendo a Febe, nuestra
hermana, diaconisa de la iglesia de Cencreas. Recibidla en el Señor
de una manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que necesite
de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí
mismo." (Romanos 16, 1-2). La palabra diakonos aplicada a Febe no tiene
realmente el sentido de una función ministerial precisa tal como
la tendrá más tarde cuando se referirá a las mujeres.
Aquí tiene el sentido de "servidora" habitual en el Nuevo Testamento.
(cf. Efesios 6, 22).
"Saludad a Prisca y Aquila,
colaboradores míos en Cristo Jesús."....."Saludad a María,
que se ha afanado mucho por vosotros." De la misma forma "Saludad a Trifena
y a Trifosa, que se han fatigado por el Señor. Saludad a la amada
Pérside, que trabajó mucho en el Señor." (Romanos
16, 1-16). Aquí, Pablo se refería con certeza a tareas apostólicas.
" Evodia y Síntique....que
lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás
colaboradores míos." (Filipenses 4,2-3). "Por el Evangelio" indica,
sin duda, una participación en la tarea de la evangelización.
Véase también:
"Los apóstoles, dedicados sin respiro a la tarea de la evangelización,
como corresponde a su ministerio, han llevado consigo mujeres, no como
esposas sino como hermanas, para compartir su ministerio hacia las mujeres
que viven en sus hogares: por medio de ellas, las enseñanzas del
Señor llegan a las estancias de las mujeres sin levantar sospechas".
Clemente de Alejandría, Stromata 3, 6, §53.
Plinio, en una carta al
emperador (111 d.C.), menciona que ha hecho detener a dos mujeres cristianas
que ocupaban una posición oficial. "Lo que me parece más
necesario es averiguar la verdad sobre esas dos mujeres esclavas, las cuales
son llamadas "ancillae" (= diakonous, diaconisas ?), aunque sea sometiéndolas
a tortura."
Y ved la historia de Tecla,
quien por medio de su declaración ante el juez de Antioquía
convirtió a Trifena y a un grupo de mujeres: "Ella fue a casa de
Trifena y estuvo allí durante ocho días, instruyéndola
en la Palabra de Dios, de tal manera que la mayor parte de sus sirvientes
creyeron" (Hechos de Pablo y Tecla, § 38-39).
Así como las mujeres
habían acompañado a Cristo en su ministerio (Luc 8, 1-4),
también las mujeres participaron en la construcción de las
primeras comunidades cristianas ¿Realizaron ellas tareas específicas?
El papel de las mujeres
como "profetas"
El profeta, según
el Nuevo Testamento, no es simplemente alguien inspirado; el o ella es
alguien que realiza una misión en la comunidad. San Pablo situa
al profeta entre el apóstol y el maestro: "Y así los puso
Dios en la iglesia, primeramente los apóstoles; en segundo lugar
los profetas; en tercer lugar los maestros; luego, los milagros..... ¿Acaso
todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros?....."
(1 Corintios, 28-29). La Didajé (11-23) situa al profeta en estrecha
conexión con el apóstol misionero.
Felipe el evangelista tenía
cuatro hijas que "profetizaban" (Hechos 21, 9).
"Todo hombre que ora o profetiza
con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza. Y toda mujer que ora o profetiza
con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza" (1 Corintios 11, 4-5).
La profecía realizada por una mujer, tiene aquí la misma
consideración que la realizada por un hombre. La palabra tiene el
mismo significado para los dos.
El profeta tiene una clara
función en la asamblea litúrgica. "Dejad a los profetas dar
gracias cuando quieran" [=podían expresarse libremente durante la
Eucaristía]. (Didajé 10, 7).
El ministerio de las "viudas"
En el Nuevo Testamento,
la palabra viuda puede designar distintos tipos de personas aunque relacionadas
entre sí. Los Hechos de los Apóstoles (6, 1-2 ; 9, 39) nos
informan que "viudas ancianas" eran atendidas por la comunidad. Se trata
aquí de una simple cuestión de viudedad en el sentido ordinario
del término. Pero ya en la carta a Tito, vemos a estas viudas jugando
un papel particular en la comunidad: "Que las ancianas asimismo sean en
su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas de mucho
vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a
ser amantes de su marido y de sus hijos" (Tito, 2, 3-4). Aquí la
viudedad parece implicar una demanda de perfección y cierta clase
de misión dirigida a las mujeres jóvenes de la comunidad.
Esto se desarrolló más tarde en forma de apostolado organizado.
Orígenes compara
la Febe de la carta a los Romanos con las viudas de la carta a Tito. (Comentarios
a Romanos, 10, 17)
"Honra a las viudas, a las
que son verdaderamente viudas..... La que de verdad es viuda y ha quedado
enteramente sola, tiene puesta su esperanza en el Señor y persevera
en sus plegarias y oraciones noche y día.... Que la viuda que sea
inscrita en el catálogo de las viudas no tenga menos de sesenta
años, que haya estado casada una sola vez, y tenga el testimonio
de sus bellas obras: haber educado bien a los hijos, practicado la hospitalidad,
lavado los pies de los santos, socorrido a los atribulados, y haberse ejercitado
en toda clase de buenas obras". (1 Timoteo 5, 3-10). El punto interesante
es la inscripción en un registro y las condiciones exigidas, puesto
que muestran claramente que no se refiere a todas las viudas sino a algunas
de ellas que constituyen una categoría especial dentro de la comunidad.
Esta es la primera indicación que tenemos de un orden de viudas,
semejante a los demás órdenes de la Iglesia.
Ignacio de Antioquía
saluda a "las vírgenes y al orden de las viudas" (Filipenses §
15).
Aunque el "diaconado" en
un sentido ámplio, existió desde el principio, resulta claro
que durante el siglo segundo el "orden de las viudas" ejercía esta
función de forma poco definida.
Mujeres Diaconisas
Desde los tiempos de los
Apóstoles, en la Iglesia se han conocido las diaconisas. El clásico
pasaje de la primera carta a Timoteo lo expresa claramente:
Los diáconos deben
ser dignos... Primero se les someterá a prueba y después,
si fuesen irreprensibles, serán diáconos.
Las mujeres igualmente deben
ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo.
Los diáconos sean
casados una sola vez" (1 Timoteo 3, 8-12).
"La palabra "diácono"
es utilizada aquí en su sentido técnico. Parece claro que
"las mujeres" en cuestión no son las esposas de los diáconos,
puesto que su descripción es paralela a la de los diáconos.
Debemos pues entender que se habla de "diaconisas". Esto indica un ministerio
que forma parte de los ministerios ordenados". Jean Daniélou, The
Ministry of Women in the Early Church, Faith Press, Leighton Buzzard 1974,
p. 14.
Sin embargo, durante los
primeros siglos, continuó la confusión terminológica
y práctica. En el 517, el Sínodo de Epaon habla de " viudas
que son llamadas diaconisas ". Tal vez se hace referencia a las diaconisas
como "viudas y diaconisas", aunque es probable que el papel de las dos
haya sido distinto.
No es hasta el siglo tercero
que la Iglesia clarifica la posición de las diaconisas con mayor
precisión, posiblemente a causa de los problemas que tenía
con las viudas poco organizadas. En la Didascalia (siglo tercero) y en
las Constituciones Apostólicas (siglo cuarto ) se definen los distintos
papeles de las viudas y de las diaconisas. Los Concilios fijaron las condiciones
para su ordenación sacramental y se elaboraron los rituales de ordenación.
En la Iglesia Bizantina
el diaconado femenino se desarrolló durante los siglos octavo y
noveno. Muchas mujeres diaconisas santas son veneradas en el calendario
de la Iglesia Ortodoxa.
El declive del diaconado
femenino ha sido atribuido a dos causas principales:
1)
el miedo a la impureza ritual debido al periodo menstrual femenino; como
Balsamon y Blastares.
2) el descenso de bautismos
de adultos. Esto hizo disminuir la necesidad de la ayuda de mujeres diaconisas,
tal como se menciona en algunos rituales Sirios antíguos.
Siempre ha habido mucha oposición
a las mujeres diaconisas en las zonas de la iglesia de habla latina, como:
Italia, norte de Africa, la Galia y Bretaña. Las principales
razones fueron (a) la influencia del derecho romano, según el cual
la mujer no podía ocupar ningún puesto de autoridad , y (b)
el miedo a la impureza ritual.
En el transcurso de la edad
media, pocas personas conocían lo que el diaconado de las mujeres
había significado en la Iglesia primitiva."
Fuente:Womenpriests
Por el momento,
iras leyendo estas lineas, en la semana próxima hablaremos de:
Porque se perdió
realmente el derecho de las mujeres, la discriminación hacia ellas
la cual Cristo
reivindicaba. En esa paginas, podremos ver que el origen de todo, es
sencillamente,
no problemas teológicos, sino las simples relaciones sexuales.
18 de Agosto de 2005
Si deseas, escribe
tu opinión a: mir@desatadora.com.ar